La historia de Jamo Concert no comenzó con una moda, sino con un desafío riguroso de ingeniería. En 1996, la introducción del Concert 8 (D 830) y Concert 11 (D 870) estableció un referente que definiría la identidad acústica de la marca. Estos altavoces representaron un momento en que Jamo decidió “pensar fuera de la caja”, buscando un nivel de transparencia alcanzable solo mediante una ruptura radical con el diseño convencional.
En el corazón de esta línea original estaba el panel frontal Non Coloration Compound (NCC). Al fusionar arena y un agente aglutinante que elimina resonancias bajo alta presión, los ingenieros de Jamo crearon una plataforma casi inerte que desacoplaba el movimiento mecánico del recinto. Esta innovación permitió que el Concert 8 fuera honrado como el Altavoz Europeo del Año por EISA, ofreciendo un nivel de detalle y definición de graves que sigue siendo un motivo de orgullo en la herencia de Jamo.
La disciplina técnica se extendió a la elección de materiales, destacando los conos de magnesio para la velocidad en los transitorios y los tapones centrales de cobre para la estabilidad térmica. Incluso los desafíos de la acústica doméstica se abordaron mediante la función XBR (eXtended Bass Response), asegurando un sonido pleno sin importar la ubicación. No eran simples especificaciones, sino decisiones deliberadas para preservar la integridad de la interpretación.
Los Concert de 1996 fueron una declaración de intenciones, encerrados en MDF de 25 mm con chapas de madera genuina. Establecieron un precedente de lo que un modelo insignia debe representar: un equilibrio entre la honestidad material y la precisión acústica. Al mirar hacia el futuro, el D 830 y el D 870 siguen siendo los puntos de partida definitivos: un recordatorio del estándar de excelencia que el nombre Concert está obligado a mantener.